¿Por qué sentimos desesperación en el cuerpo?

Si nos preguntamos por qué sentimos desesperación en nuestro cuerpo en determinados momentos, debemos saber que existen elementos comunes que se presentan como consecuencia del agotamiento físico que nos genera la ansiedad. La ansiedad es un mecanismo natural de repuesta que le permite a nuestro cuerpo tomar precaución frente a una situación considerada como una amenaza o peligro. Dicho mecanismo puede manifestarse de muchas formas, y estas varían dependiendo de cada persona

¿De dónde proviene esa desesperación en el cuerpo?

Cuando se activa ese mecanismo adaptativo natural, nuestro cuerpo se sirve de un esfuerzo considerable para aumentar el ritmo cardíaco, acelerar la respiración, etc. Por lo que es muy común que tras un episodio de ansiedad experimentemos una repentina baja de energía y un sentimiento de desesperación en nuestro cuerpo.

Si además mantenemos la atención en aquello que nos ha desencadenado el estrés, podría verse perjudicado nuestro descanso, por lo que el cuerpo no recuperaría la energía gastada durante el evento de ansiedad. Ese agotamiento se va acumulando hasta llegar a afectar nuestro rendimiento y atención en las actividades cotidianas, y podríamos llegar a tener reacciones de desánimo y desesperación.

Sentimos desesperación en nuestro cuerpo alimentada por la ansiedad. Es un sentimiento que suele ser muy complejo de sobrellevar. Puede definirse como la pérdida total de la esperanza, y está relacionada con sentimientos de enfado, ira, o impotencia. Es una experiencia humana común, e implica un estado mental en el que no dejamos de hacernos preguntas (muchas de ellas sin respuesta). Podemos sentir desesperación en un momento determinado cuando pensamos que todo está en nuestra contra, y eso se refleja en nuestro cuerpo.

¿Qué pasa con nuestro cuerpo cuando nos estresamos?

El cuerpo está perfectamente capacitado para responder a situaciones de estrés ante lo que considera una amenaza. Como respuesta nuestro cuerpo genera una combinación de señales nerviosas que estimulan a las glándulas suprarrenales a liberar un conjunto de hormonas, como lo son el cortisol y la adrenalina.

El cortisol es la principal hormona del estrés, y su función principal es suministrar suficiente energía al cuerpo en momentos de tensión. Sin embargo, una liberación frecuente y/o constante de dicha hormona puede perjudicar considerablemente nuestra salud, debilitando nuestro sistema inmunológico. La adrenalina dilata las vías aéreas, y contrae los vasos sanguíneos, además de aumentar la frecuencia cardíaca.

Ambas hormonas, preparan al cuerpo para “luchar o huir” como respuesta a una situación de peligro. Este mecanismo de respuesta se comunica directamente con aquellas regiones del cerebro relacionadas con el miedo, la motivación, y el estado anímico.

¿Qué pasa si el estrés es constante?

El estrés es algo natural y no deberíamos asociarlo con algo negativo. Se produce cuando tenemos una demanda excesiva frente a un estímulo considerado como amenazante o comprometido. En consecuencia, nuestro organismo emprende el proceso que nos permite generar los recursos necesarios para responder más rápido y mejor ante la situación de riesgo.

Cuando no gestionamos correctamente los estresores cotidianos, como por ejemplo: la sobrecarga de trabajo, el pago de las facturas, los problemas familiares, la muerte de un ser querido, entre otros; podemos caer fácilmente en ciclos perjudiciales de indefensión, con pensamientos obsesivos y sentimientos de rabia, tristeza, angustia, dolor, y frustración. Episodios en los que es muy común que la desesperación se apodere de nosotros y perjudique la salud de nuestro cuerpo y mente.

Si sientes desesperación en el cuerpo necesitas descansar

El sistema nervioso autónomo (SNA) es el encargado de controlar y regular los órganos internos sin necesidad de un esfuerzo consciente del organismo. En el SNA están presentes dos grandes sistemas: el simpático, y el parasimpático. El primero prepara al cuerpo para situaciones que exigen fuerza y un estado de alerta como respuestas corporales de activación, y el segundo se encarga de restituir un estado de reposo y conservación luego de la activación. Ambos mantienen a nuestro cuerpo en constante equilibrio ante los diversos estímulos externos.

Es muy frecuente que luego de ese gran esfuerzo que realizó nuestro cuerpo para responder ante un peligro o amenaza, no le demos el tiempo suficiente para que se recupere. Y es cuando comenzamos a preguntarnos por qué sentimos desesperación en el cuerpo. Se producen problemas adaptativos que conllevan ciertos fallos de mecanismos que antes funcionaban bien.

Con el transcurso del tiempo, nos hemos dado cuenta de que podemos hacer muchas más cosas y más rápido, pero en esa dinámica acelerada de nuestra cotidianidad, priorizamos algunas actividades sobre otras, y olvidamos la importancia de aquellos hábitos saludables como el descanso y tiempo de ocio que nos permiten recobrar la energía necesaria para el buen desempeño de nuestra mente y cuerpo.

Una mente estresada puede quitarnos el sueño y mantenernos despiertos por un largo rato, lo que podría provocarnos altos niveles de ansiedad, y en algunos casos llevarnos a sentir desesperación en nuestro cuerpo. Debemos asegurar nuestras rutinas de descanso para gestionar mejor los niveles de estrés y cuidar nuestra salud.

¿Qué podemos hacer para gestionar el estrés?

Cuando el estrés negativo y la desesperación que nos genera se convierten en algo habitual, es el momento de hacer algunos cambios en nuestra vida que nos permitan sentirnos mejor:

  • Valorar los posibles miedos y sus causas, y distinguir entre los reales e irreales, para así evitar estresarnos por situaciones que verdaderamente no lo ameritan.
  • Tomar consciencia de lo que comemos y cómo nos afecta para mejorar nuestra dieta y poder brindarle al cuerpo todos los nutrientes que necesita.
  • Entender de la mejor manera que no controlamos todo lo que ocurre a nuestro alrededor para así dejar fluir la mayor parte de las cosas y evitar preocupaciones innecesarias.
  • Observar constantemente nuestro cuerpo y las señales que nos está dando para poder hacer (a tiempo) algo al respecto.
  • Realizar algún tipo de ejercicio o actividad física considerando los múltiples beneficios que tiene el deporte para nuestra salud.
  • Incorporar rutinas de estiramiento al momento de levantarnos para activar nuestro organismo.
  • Brindar a nuestro cuerpo la posibilidad de descansar a lo largo del día, cuando sea necesario, sin necesidad de llevar al límite el desarrollo de sus capacidades.
  • Aprender a relajarnos con ejercicios de meditación, yoga, y respiración consciente.

El yoga conecta nuestro cuerpo y mente, permitiéndonos disfrutar del aquí y el ahora. Reconduce todos aquellos pensamientos que nos inquietan y que pueden llegar a bloquearnos. Con el yoga podemos regular aquellas emociones y sentimientos que nos sobrepasan y que nos hacer perder el control. La práctica habitual del yoga nos ayuda a producir más endorfinas y así sentirnos con mejor ánimo; reduciendo aquellos síntomas de ansiedad con los que podemos llegar a sentir desesperación en nuestro cuerpo.

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