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Meditar para sanar: meditando sané mi hernia de disco  

Cuando meditamos, nuestra mente adquiere serenidad y claridad, y esto es fundamental para llevar adelante con éxito cualquier proceso de recuperación en nuestras vidas. Podemos meditar para sanar. Yo particularmente meditando sané mi hernia de disco.

Sucede que cuando nos sentimos mal, o tenemos algún dolor, la principal barrera para que sanemos no es nuestro cuerpo sino nuestra mente.  En ella se disparan pensamientos tales como: cómo voy a superar esto, por cuánto tiempo estaré indispuesta, qué pasa si nunca se me quita este dolor.

Este tipo de pensamientos nos conducen de inmediato a un cuadro de ansiedad. Se crea un círculo vicioso. Nos llenamos de angustia y miedo, la ansiedad no nos permite relajarnos, segregamos más cortisol, que es la hormona del estrés, y más adrenalina, que nos pone en estado de alerta para defendernos. Nuestro cuerpo no descansa y los procesos de recuperación se dificultan y toman más tiempo.

Pon tu mente a tu favor

Aprendamos a meditar para sanar. Se trata de que pongamos a nuestra mente a trabajar a favor nuestro, no en contra. Si estamos dominados por la ansiedad, el miedo, la angustia y pensamientos negativos, estos sentimientos acabarán enfermando más nuestro cuerpo. Tardaremos más en recuperarnos de cualquier dolencia.

En cambio, si estamos en calma, relajados y cultivamos el buen humor, nuestro cuerpo sanará más rápidamente. Y esto lo lograremos con la práctica de la meditación. Una mente en calma nos ayudará a transitar mejor las adversidades de la vida.

Sanaremos cuerpo y mente

La meditación nos ayuda a sanar no sólo el cuerpo. Funcionará para sanar y mejorar cualquier aspecto de nuestra vida sea este físico, mental, espiritual o anímico. En mi caso, me ayudó a sanar de una hernia de disco que llegó a producirme un dolor que me inmovilizaba.

Poco a poco, logrando que mi mente estuviera en calma y mi cuerpo relajado, y haciéndolo de manera sistemática, conseguí manejar la ansiedad que me producía el encontrarme en esta situación, empecé a sentir confianza en que podría recuperarme, mi cuerpo empezó a oxigenarse mejor, mi postura mejoró, y todo esto me condujo a la recuperación de mi problema de hernia discal.

Recomendaciones para meditar y sanar

Para que podamos recibir los beneficios que nos ofrece la meditación en procesos para sanar nuestro cuerpo y nuestra mente, debemos realizar nuestra práctica diaria, siguiendo las recomendaciones de costumbre:

-realicemos nuestra meditación en un lugar tranquilo, donde reine el orden y el silencio, que tenga buena ventilación y una temperatura agradable, y donde nada ni nadie nos interrumpa.

-vistamos ropa cómoda y dispongámonos a hacerlo en una posición que nos resulte confortable. Podemos hacerlo sentados o recostados boca arriba, siempre cuidando mantener la espalda recta.

-podemos hacerlo a cualquier hora del día. Hay quienes recomiendan meditar a primera hora del día. Busquemos el momento que sea más conveniente para nosotros, en el que sintamos que podemos concentrarnos y entregarnos a la meditación. 

-cerremos los ojos y empecemos a respirar lentamente, dirigiendo el aire primero hacia el abdomen. Sentiremos luego que el aire llega también a la parte media de nuestro tronco y finalmente a la parte superior del mismo.

-concentrémonos en la respiración. Sintamos que cuando el aire ingresa a nuestro cuerpo entra con él paz, y que al exhalar soltamos todas las tensiones que tenemos en nuestro cuerpo.

-continuemos respirando conscientemente, sintamos cómo nuestro cuerpo se relaja. En este momento ya estamos empezando a sanar.

La relajación es fundamental al meditar para sanar

Continuemos:

-mientras seguimos respirando, chequeemos cómo se van relajando todos los puntos de nuestro cuerpo desde la cabeza hasta los pies, todos nuestros músculos deben estar relajados. Sentiremos que nuestro cuerpo entra en un estado de paz profundo.

-si algún pensamiento viene a nuestra mente a distraernos, dejémoslo pasar sin engancharnos. Pero si es un pensamiento sobre la dolencia o situación que queremos sanar, tratemos de entender qué es lo que nos está causando malestar.

-enviemos al punto de nuestro cuerpo que esté enfermo o a la situación que nos aqueje un mensaje positivo. Enviemos el mensaje de que vamos a poder superar la situación, de que nuestro cuerpo va a sanar.

-si algún punto de nuestro cuerpo sufre de dolor, mientras respiramos tratemos de descubrir el momento en que el dolor disminuye o desaparece y concentrémonos en él. Reforcémonos la idea de que el dolor va a desaparecer. Enviemos oxígeno a ese punto de nuestro cuerpo.

Visualicemos al meditar para sanar

En nuestra práctica de meditar para sanar utilizaremos también la visualización:

-visualicemos una luz verde, o de un color que nos cause paz, e imaginemos que esa luz está sobre nuestra cabeza. Desde allí, y siempre respirando, imaginemos que esa luz desciende lentamente por todo nuestro cuerpo haciendo que bajen los niveles de tensión.

-visualicemos cómo se ilumina con esa luz nuestro cerebro y la médula espinal a lo largo de toda nuestra columna. Esa luz seguirá descendiendo y sanando todos los tejidos de nuestro cuerpo.

-sintamos que esa luz ingresa a nuestro torrente sanguíneo y recorre todo nuestro cuerpo. Todo nuestro cuerpo se va iluminando. En los lugares en los que sintamos que necesitamos curación, hagamos que la luz sea más fuerte.

-la luz seguirá fluyendo hasta llegar a los pies.

-luego sintamos que esta luz rodea completamente nuestro cuerpo por fuera, convirtiéndose en una suerte de burbuja que nos protege.

-sintamos cómo sanamos por dentro y por fuera. Mantengámonos en ese estado de paz y tranquilidad. Imaginemos que estamos en un lugar que nos causa mucha paz.

-hagamos unas cuantas respiraciones más en ese estado de paz. Luego, poco a poco, empecemos a mover nuestro cuerpo, abramos los ojos y volvamos al momento presente, conservando nuestro estado de paz.

Convirtamos esta práctica de meditación en una rutina diaria. Se trata de una puerta que nos conduce sin duda alguna al camino de la sanación de nuestro cuerpo y mente.

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