Ansiedad

Ansiedad: una emoción necesaria para adaptarnos en ciertos momentos

Respiremos consciente y profundamente para lidiar con la Ansiedad.

Todos nosotros, independientemente del estilo de vida que llevemos, estamos sometidos a muy diversos estímulos en este mundo en el que vivimos.

Cada uno de nosotros tiene su propia manera de relacionarse con el mundo y de procesar las situaciones que se nos presentan y nuestros proyectos y deseos en la vida.

A veces, logramos hacerlo de manera tranquila, sintiendo que somos capaces de manejar nuestro día a día satisfactoriamente.

Pero otras veces empezamos a caer, sin darnos cuenta, en estados de ansiedad que nos desequilibran y tienen efectos negativos sobre nuestro organismo.

Pero ¿qué es la ansiedad?

La ansiedad es una emoción, es decir, una respuesta física y psíquica de nuestro organismo, que se genera como una respuesta de anticipación involuntaria frente a estímulos que pueden ser internos o externos, tales como pensamientos, ideas, imágenes que son percibidos por el individuo como amenazantes o peligrosos y vienen acompañados de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión. 

La ansiedad es, por tanto, un sentimiento normal y necesario que nos hace estar alertas y reaccionar, por ejemplo, en situaciones en las que en realidad estamos frente a un peligro y debemos reaccionar para huir del mismo. Este tipo de intranquilidad, que tiene disparadores claros y nos ayuda a adaptarnos a las circunstancias en las que nos encontramos, se denomina ansiedad adaptativa. En esos casos, el sentimiento de ansiedad cesa una vez que el estímulo o disparador pasa o es controlado.

Pero a veces la ansiedad se instala en nosotros sin razón aparente. Empezamos a sentir una preocupación excesiva y permanente, a veces sin saber siquiera ante qué, y empezamos a sentir sensaciones tales como que no podemos expresar claramente lo que nos pasa, que estamos solos y nos cuesta relacionarnos con los demás, que no podemos dormir bien, y que nos es difícil concentrarnos. A veces hasta sentimos que no podemos respirar y empezamos a sudar y a temblar, lo que son signos de que vamos a sufrir un ataque de pánico.

Si la ansiedad se instala en nosotros por un período significativo, digamos por más de 6 meses, y se presenta de manera demasiado recurrente o con una intensidad desmedida, empezando a obstaculizar nuestro día a día y el desarrollo de nuestros proyectos, debemos atenderla por el bien de nuestra salud mental.

Reconoce los síntomas de la Ansiedad

Para que podamos reconocer si nuestra ansiedad está dejando de cumplir su función adaptativa y convirtiéndose en lo que se denomina ansiedad generalizada, veamos cuáles son sus síntomas psicológicos más comunes:  

  • Vivir permanentemente en el futuro y pensar siempre lo peor.
  • Exagerar la gravedad de los hechos.
  • Ser perfeccionistas.
  • Tener problemas de concentración.
  • Tener pensamientos descontrolados.

En cuanto a los síntomas físicos más comunes, estos son:

  • Aceleración del ritmo cardíaco.
  • Elevación de la presión arterial.
  • Mareos o desmayos.
  • Fatiga.
  • Molestias gastrointestinales.
  • Dolor generalizado.
  • Espasmos musculares.
  • Sudoración. 

De nuevo estos síntomas pueden presentarse de manera esporádica y leve, pero si son recurrentes, intensos y empiezan a interferir con nuestra vida ordinaria, deben ser atendidos antes de que se conviertan en un problema crónico, y la ansiedad pase de ser normal y adaptativa a convertirse en un trastorno de ansiedad. 

Si no nos hacemos cargo de nuestra ansiedad, el resultado puede ser que empecemos a sufrir trastornos físicos tales como hipertensión, problemas del corazón, migrañas, problemas digestivos, somatizaciones de todo tipo, empecemos a tener conflictos familiares y de relaciones interpersonales, y sobrepeso, ya que nuestro organismo empieza a liberar una hormona llamada cortisol, la cual está relacionada con el estrés y favorece la acumulación de grasa. 

También podemos empezar a tener problemas laborales y académicos debido a cierta dificultad para concentrarnos, y falta de productividad y absentismo debido al malestar. Esto puede desencadenar otros problemas que probablemente incrementen los estados de desazón y angustia. 

La ansiedad adaptativa o no patológica es una sensación o un estado emocional normal ante determinadas situaciones y constituye una respuesta habitual a diferentes situaciones cotidianas estresantes.

Así que, como hemos dicho, algún grado de ansiedad es incluso deseable para el manejo normal de las exigencias o demandas del medio ambiente.

Únicamente cuando sobrepasa cierta intensidad, o se supera la capacidad adaptativa entre el individuo y el medio ambiente, es cuando la ansiedad se convierte en patológica, provocando un malestar significativo, con síntomas físicos, psicológicos y conductuales, la mayoría de las veces muy inespecíficos.

Importancia de la respiración consciente y profunda

Ante estos cuadros de ansiedad es recomendable buscar la asistencia profesional de un psicólogo, pero además de esa posibilidad, también disponemos de poderosas herramientas para empezar a controlarla con la práctica de disciplinas tales como el yoga.

La práctica sistemática del yoga, con sus componentes: respiración, meditación y  movimiento, son una palanca maravillosa para trabajar nuestro ser, vivir el momento presente, buscar la paz en nuestro interior y poder llevar nuestras vidas desde esa mirada, y no dejarnos llevar por estados  de inquietud.

Empecemos por practicar una respiración consciente y profunda. Nuestra salud física y mental, nuestra fuerza, la resistencia frente al cansancio, la inmunidad contra las enfermedades, la depresión y la tensión están condicionadas por cómo respiramos.

Vivimos a un ritmo acelerado, y así respiramos. Debemos empezar a respirar consciente y profundamente, y esto hará que nuestros niveles de ansiedad bajen considerablemente. Lo notaremos de inmediato.  El oxígeno permite a los órganos regenerarse y desechar los restos tóxicos nocivos, todas las células se fortalecen y se limpian, mientras que los músculos se tonifican y ganan elasticidad.

Se ha demostrado que una buena respiración alarga la vida, favorece la depuración, aumenta el brillo y atractivo de la piel, y activa el metabolismo. Internamente, una respiración completa y consciente nos ayuda a reeducar los mecanismos de la mente para evitar sensaciones de estrés. En definitiva nos hace estar en el aquí y ahora, y eso nos hace sentir plenos y en paz. 

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