Terapia ocupacional, ocuparnos en vez de preocuparnos

En todas las etapas de nuestra vida es importante promover la independencia y autonomía individual de cada uno de nosotros, ya que ello nos permite llevar una existencia en la que nos valemos por nosotros mismos y podemos desarrollar eficientemente nuestro proyecto de vida.

Esa condición de autonomía individual puede variar a lo largo de nuestra vida, debido a factores como la edad, o a alguna circunstancia especial que pueda presentarse a causa de alguna discapacidad o a consecuencia de alguna enfermedad o accidente. En condiciones normales, por ejemplo, los niños en su desarrollo evolutivo van adquiriendo paulatinamente el control que les permite desempeñarse autónomamente, y en el proceso contrario, los adultos mayores, en su proceso de envejecimiento, van perdiendo ciertas facultades y en la mayoría de los casos su autonomía se va reduciendo.

La disciplina conocida como terapia ocupacional, que empezó a utilizarse en 1917 en hospitales militares en Canadá para ofrecer estímulos mentales y físicos a pacientes con situaciones prolongadas de incapacidad, se encarga justamente de prevenir, disminuir y tratar discapacidades y obstáculos que se presenten como consecuencia de trastornos físicos, psíquicos, sensoriales o sociales, restaurando y adaptando las capacidades de la persona a su entorno.

De acuerdo a este enfoque, un especialista evaluará las capacidades de una persona para llevar una vida independiente y desarrollará un plan de tratamiento para potenciar y mejorar sus habilidades para el desempeño en la vida cotidiana, y hasta para lograr su reinserción en el mundo laboral, en el caso de personas en edad productiva que hayan sufrido algún accidente o enfermedad que les haya afectado en el ejercicio de su trabajo.

La “actividad” es la esencia o herramienta fundamental de la terapia ocupacional, entendiéndola como una medio para lograr los objetivos que se persigan en cada caso. Se hace centro en ella, porque la actividad es inherente a la vida humana, nos acompaña en nuestra cotidianidad y nos permite logros y desarrollo de nuestro proyecto de vida.

Generalmente las rutinas terapéuticas que se emplean se dan en tres ámbitos: actividades de la vida diaria, juego y trabajo. Las primeras incluyen labores de autocuidado de la persona, movilidad y habilidades sociales. En el ámbito de juego se trabaja con dinámicas tales como musicoterapia, relajación, y juegos propiamente dichos, para generar esparcimiento mental y físico, y en el área de trabajo se incorporan tareas domésticas sencillas, como regar las plantas, tender las camas, y actividades como manufactura de algún objeto y reorientación laboral.

Las dinámicas terapéuticas se adaptarán a las necesidades particulares de cada persona que la necesite. Por ejemplo, en el caso de niños que presenten algunas dificultades en sus procesos de aprendizaje y adaptación social, o que tengan alguna discapacidad que les afecte su desempeño autónomo en la vida cotidiana, se establecerán rutinas de acuerdo al problema específico. Por ejemplo, si se observa que un infante tiene problemas en su motricidad fina (coordinación de músculos, huesos y nervios y para efectuar movimientos pequeños y precisos) se trabajarán con él ejercicios de recorte y pegado de figuras, con mucha paciencia, ofreciéndole diversos tipos de tijeras para ver cuál se adapta mejor al movimiento de su mano. Se le ayudará a percibir los bordes de los objetos recortados y se pegarán en diversos tipos de papel. Así, para cada problema o dificultad, se diseñará una actividad que lo ayude a ejercitarse y que hará primero con supervisión de la maestra o terapeuta, y podrá hacer luego él solo.

En el caso de los ancianos, se trata igualmente de observar qué actividades de la vida cotidiana se le van dificultando por pérdida o acortamiento de la movilidad, y partir de esa observación se diseñarán rutinas que los ayudarán a dar movilidad a las principales articulaciones del cuerpo, a estirarse, a hacer una rotación controlada de su cuerpo con el objetivo de que esos ejercicios les permitan mantener la autonomía de sus movimientos durante el mayor tiempo posible.

Hemos esbozado aquí ejemplos de dos situaciones, una con niños y otra con ancianos que pueden ser tratadas a través de terapia ocupacional. Pero son miles las situaciones que pueden darse y en personas de cualquier edad que pueden ser atendidas a través de esta disciplina. Algunas son de origen físico y otras de origen psicológico o emocional. Para cada caso, como hemos dicho, lo adecuado es buscar orientación y “ocuparnos” en vez de “preocuparnos”.

Terapia ocupacional y yoga

El yoga y la terapia ocupacional pueden complementarse ya que, como hemos visto, ambos enfoques permiten trabajar aspectos relacionados con nuestro cuerpo y nuestra mente, en la búsqueda de su equilibrio y funcionamiento armónico. De hecho algunos terapistas ocupacionales incorporan el yoga como parte de sus herramientas de trabajo.

En el caso de que una persona tenga puntualmente problemas físicos que afecten su movilidad o le causen molestias en alguna parte específica de su cuerpo, y por supuesto, una vez que esa situación haya recibido una adecuada evaluación médica, y se determine que el movimiento es la terapia apropiada, se puede diseñar una rutina de yoga con posturas específicas que mejoren esos puntos donde haya rigidez o dolor. Además el yoga potencia nuestra conciencia corporal, lo que proporciona una mejor luz para que miremos nuestro cuerpo y nosotros mismos podemos observar y trabajar nuestras limitaciones.

Si se trata de personas que están sufriendo trastornos de ansiedad o algún otro tipo de trastorno emocional que los lleve a necesitar buscar ayuda terapéutica, la meditación, que es la más antigua herramienta del yoga, les permitirá introducirse en el enriquecedor camino de la búsqueda del estado de  presencia, concentrándose en el aquí y el ahora, buscando ese lugar de paz que hay dentro de nosotros mismos, y trabajando afirmaciones positivas sobre nuestro propósito de vida y nuestra capacidad para llevarlo adelante.

Los pranayama, ejercicios de respiración del yoga, nos ofrecen un amplio juego de técnicas que nos permiten cargarnos de energía y canalizarla hacia los puntos que requieran mayor atención en nuestro cuerpo, por alguna limitación física en particular, o rigidez muscular producto del estrés, y nos ayudarán a calmar la mente y a relajarnos.

Reforzar nuestro equilibrio cuerpo-mente a través de la práctica del yoga es una de las mejores terapias que podemos regalarnos a nosotros mismos en todas las circunstancias de nuestra vida.

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