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¿Por qué sentimos desesperación?

A veces nos sentimos invadidos por una gran desazón. Nos preguntamos: por qué siento desesperación? Muchas veces no sabemos explicar qué nos sucede. Nos sentimos incómodos, y pueden llegar a atacarnos episodios de taquicardia, sudoración y dificultad para respirar.

Estas señales son producto del desgaste físico que ocurre en nuestro cuerpo a causa del estrés. Cada vez que nuestra mente viaja hacia el futuro y se deja llenar de sentimientos de inseguridad en relación a cosas que a lo mejor ni siquiera van a pasar, caemos en estados de ansiedad y desesperación.

En esos momentos en que sentimos desesperación nuestro organismo empieza a segregar adrenalina para prepararnos para huir o defendernos de un potencial riesgo. Ello nos hace sentir esas sensaciones físicas de sudoración, aumento en la frecuencia cardíaca y en el ritmo de la respiración.

Pero el que se disparen esos mecanismos de defensa del organismo con demasiada frecuencia, o que nuestro cuerpo esté permanentemente en estado de alerta nos llevan a sufrir un desgaste físico innecesario que nos lleva al agotamiento y afecta nuestra salud.

Nuestro sistema nervioso

Nuestro sistema nervioso autónomo tiene dos subsistemas: el parasimpático y el simpático. El simpático es el encargado de enviar señales a nuestro sistema nervioso autónomo de que debemos estar en estado de alerta y preparados para reaccionar en caso de peligro.

Cuando los motivos que nos hacen pensar que estamos en situación de peligro cesan, se activa el sistema parasimpático y nos sentimos relajados. Al relajarnos nuestro organismo se recupera del desgaste de los estados de exigencia a los que nos lleva el estrés y la ansiedad.

El hecho de que enviemos señales de uno u otro tipo va a depender de la percepción que nosotros tengamos de lo que ocurre a nuestro alrededor o de la interpretación que nosotros hagamos de lo que pueda o no estar sucediéndonos.

Puede ocurrir que nuestro sistema nervioso autónomo envíe la señal de que requerimos estar alertas, huir o defendernos, aunque esto no sea necesario, o que esté enviando esa señal demasiado frecuentemente o de manera constante. De ser así  esto nos llevará irremediablemente al agotamiento y al desgaste físico y psíquico.

Busquemos el equilibrio

Los pranayamas y la meditación son herramientas poderosas para controlar la ansiedad. Cuando sentimos desesperación, estamos ansiosos, asustados o angustiados respiramos agitadamente, nuestra frecuencia cardíaca aumenta y sudamos copiosamente.

Con la práctica de pranayamas y meditación podemos controlar rápidamente las manifestaciones físicas que se disparan en nuestro cuerpo cuando sentimos desesperación. Entre las recomendaciones para controlar la ansiedad debemos mencionar:

  • mantener una postura adecuada, con la espalda erguida, ya que de esta manera cuando respiramos el aire circulará libremente a lo largo de toda nuestra columna vertebral y por ende por todos los chakras. Esto activará y distribuirá la energía a través de todo nuestro cuerpo.
  • respiremos pausadamente por la nariz llevando el aire hacia nuestro abdomen (respiración abdominal) De esta forma haremos que nuestra respiración vaya siendo cada vez menos agitada hasta que lleguemos a un ritmo pausado. Con ello también normalizaremos nuestra frecuencia cardíaca.

Otras recomendaciones contra la desesperación

Otros aspectos que debemos tomar en cuenta son:

  • tomemos consciencia de todo nuestro cuerpo y relajemos los puntos que tengamos en tensión. Preguntémonos por qué y para qué tengo apretado el puño, si es este el caso, o tenso el cuello o hasta las plantas de los pies. ¿Qué gano con ello? Inmediatamente nos daremos cuenta de que podemos relajar esos puntos de tensión. Hagámoslo y mantengamos todo nuestro cuerpo relajado mientras seguimos respirando pausada y profundamente.
  • relajemos los músculos de la cara, como si sonriéramos levemente. Relajemos la lengua y pasémosla suavemente por la parte de atrás de nuestros dientes inferiores. Veremos cómo segregamos más saliva. Esto nos ayudará a liberarnos de la sensación de tener la boca seca característica de los estados de estrés.
  • observemos y concentrémonos en nuestra respiración, sintamos cómo el aire entra y sale de nuestros pulmones. Escuchémonos respirar.
  • sintamos y disfrutemos el estado de presencia, el aquí y el ahora. Hagámonos conscientes de que en el presente no existen problemas, de que nada nos amenaza. 

Identifiquemos los motivos de la desesperación

Las señales que enviamos y que hacen que nuestro cuerpo esté en tensión tienen que ver algunas veces con situaciones completamente normales y sencillas de la vida cotidiana. Pasa que si estamos anticipando cosas que pensamos no vamos a poder resolver o que estimamos nos van a traer problemas dentro de unas horas o unos días, nos va a parecer que el colectivo no llega nunca y se nos disparará un cuadro de ansiedad.

Otras veces magnificamos ciertas situaciones de la vida cotidiana o nos enganchamos en cosas sin importancia. Esto nos lleva a enojarnos o a sentirnos y reaccionar mal ante algo que nos digan. Esto nos hace también enviar señales de que estamos en peligro ,nuestro cuerpo se tensa, sentimos desesperación y se disparan los síntomas físicos del estrés.

Debemos aprender a identificar cuándo alguna situación nos dispara ese sentimiento de disgusto o desasosiego en el día a día y ejercitarnos en acudir a las herramientas de la meditación y los pranayamas para romper ese círculo vicioso.

El aquí y el ahora

A lo largo del día, cuando sintamos desesperación traigamos a nuestra mente la sensación de calma y sosiego que logramos cuando nos dedicamos a respirar conscientemente y a meditar. Volvamos a sentir el estado de presencia. Esta es la mejor herramienta para controlar los estados de ansiedad.

Manteniendo hábitos de vida saludable que incluyen una alimentación sana, ejercicio físico regular, incluyendo la práctica del yoga y la meditación, lograremos el equilibrio cuerpo-mente. Conseguiremos que nuestro sistema parasimpático se mantenga entonado y activado, guardaremos los estados de alerta y huida solo para cuando estos sean realmente necesarios y evitaremos el desgaste físico innecesario que afecta nuestra capacidad de concentración, nuestra memoria, nuestro sistema inmunológico, y nuestra salud en general.

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